mar 4a. Sem
cuaresma (Id=230)
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Los que están sedientos vengan
por agua, dice el Señor; aunque no tengan dinero, vengan a beber con alegría.
Sitiéntes, veníte ad aquas,
dicit Dóminus; et qui non habétis prétium, veníte, et bíbite cum laetítia.
Oremos:
Que los sacrificios y oraciones cuaresmales dispongan, Señor, a tus hijos para
celebrar dignamente el misterio pascual y transmitir al mundo el feliz anuncio
de la salvación.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Vi
salir agua del templo: era un agua que daba vida y fertilidad
Lectura del libro del profeta
Ezequiel
47, 1-9.12
En aquellos tiempos, el ángel me
llevó a la entrada del templo, y vi que debajo del
umbral, por el lado oriental hacia el que mira la fachada del templo, brotaba
una corriente de agua. El agua descendía por el lado derecho del templo hasta
la parte sur del altar. Me hizo salir por el pórtico norte y dar la vuelta por
fuera hasta el pórtico exterior que mira hacia oriente, y vi
que las aguas manaban desde el costado derecho. El hombre salió en dirección
este con un cordel de medir en la mano, midió quinientos metros y me hizo
atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos; midió otros quinientos
metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas; midió
todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar al agua, que me llegaba
hasta la cintura; midió por fin otros quinientos metros y la corriente de agua
era ya un torrente que no
pude atravesar, pues había crecido al punto que sólo a nado se podía atravesar.
Entonces me dijo:
"¿Has visto, hijo de hombre?"
Después me ordenó que regresara a la orilla del torrente, y al regresar vi que junto al torrente en las dos orillas había muchos
árboles. Y me dijo:
"Estas aguas fluyen hacia oriente, bajan al Arabá
y desembocan en el mar Muerto, cuyas aguas quedarán saneadas. Por donde pase
este torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá. Habrá abundancia de
peces, porque las aguas del mar Muerto quedarán saneadas cuando llegue este
torrente. Junto a las dos orillas del torrente crecerá toda clase de árboles
frutales; sus hojas no se marchitarán ni sus frutos se acabarán. Cada mes darán
frutos nuevos, porque las aguas que los riegan manan del santuario. Sus frutos
servirán de alimento y su follaje de medicina".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 45, 2-3.5-6.8-9
El Señor está con nosotros.
Dóminus virtútum nobíscum,
refúgium nobis Deus Iacob.
Dios es nuestro refugio y
fortaleza, nuestro auxilio oportuno en el peligro. Por eso no tememos, aunque
tiemble la tierra y las montañas se desplomen en el mar.
El Señor está con nosotros.
Dóminus virtútum nobíscum,
refúgium nobis Deus Iacob.
Los canales de un río alegran
la ciudad de Dios, la más santa morada del Altísimo. Dios está en medio de
ella, no puede ser destruida; Dios la socorre al despuntar la aurora.
El Señor está con nosotros.
Dóminus virtútum nobíscum,
refúgium nobis Deus Iacob.
El Señor todopoderoso está con
nosotros, nuestra defensa es el Dios de Jacob. Vengan a ver las obras del
Señor, los prodigios que hace en la tierra.
El Señor está con nosotros.
Dóminus virtútum nobíscum,
refúgium nobis Deus Iacob.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Crea en mí, Señor, un corazón puro y devuélveme tu salvación que regocija.
Cor mundum crea in me, Deus; et redde mihi laetítiam salutaris tui.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Al momento el hombre quedó curado
† Lectura del santo Evangelio según
san Juan
5, 1-3a. 5-16
Gloria a ti, Señor.
Era un día de fiesta para los judíos
cuando Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, cerca de la puerta llamada de
las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda,
con cinco pórticos. En estos pórticos había muchos enfermos recostados en el
suelo: ciegos, cojos y paralíticos. Había entre ellos un hombre que llevaba
treinta y ocho años inválido. Jesús, al verlo allí
tendido, y sabiendo que llevaba mucho tiempo, le preguntó:
"¿Quieres quedar sano?"
Le respondió el enfermo:
"Señor, no tengo a nadie que me ayude a entrar en la piscina cuando se
mueve el agua.
Mientras trato de llegar yo, otro se me ha adelantado".
Jesús le dijo:
"Levántate, toma tu camilla y camina".
Al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y comenzó a caminar.
Aquel día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido sanado:
"Hoy es sábado y no te está permitido llevar tu camilla".
Pero él contestó:
"El que me sanó me dijo: "Toma tu camilla y camina"".
Ellos le preguntaron:
"¿Quién es ese hombre que te dijo: "Toma tu camilla y
camina?""
Pero él no conocía ni sabía quién lo había sanado, pues Jesús había
desaparecido entre la muchedumbre que se había reunido allí. Más tarde, Jesús
se encontró con él en el templo y le dijo:
"Has sido sanado, no vuelvas a pecar más, pues podría sucederte algo
peor".
El hombre fue a informar a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Jesús hacía obras como ésta en sábado; por eso lo perseguían los judíos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, los dones que tu
providencia nos ha dado para sostén de nuestra vida mortal y conviértelos en
alimento que da la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los frutos del ayuno
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro
espíritu, nos das fuerza y recompensa, por Cristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria,
unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando
humildemente tu alabanza:
[Misa]
El Señor es mi pastor, nada
me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes
tranquilas.
Dóminus regit me, et nihil mihi déerit;
in loco páscuae ibi me collocávit, super aquam refectiónis educávit me.
Oremos:
Que este sacramento, Señor, purifique y renueve nuestro espíritu e infunda en
nuestro cuerpo la fuerza necesaria para vivir y morir cristianamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.